Propuesta de comunicación al III Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Contemporánea (Vitoria, septiembre de 2011). Este texto recoge las principales líneas por la que discurrirá un debate colectivo que acabamos de iniciar (enero de 2011) en torno al papel de nuestra asociación -y nosotros como individuos- en el contexto de crisis que nos ha tocado vivir. Queremos reflexionar sobre la validez de la Historia Social, planteando la batalla no sólo en el ámbito académico por el que algunos nos movemos sino también a pie de calle, aportando herramientas, memorias y estrategias a los movimientos sociales transformadores. Porque seguimos pensando que la Historia es un arma cargada de futuro, apostamos por una historia comprometida:

A raíz de los debates que tuvieron lugar en el II Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Contemporánea, celebrado en Granada entre el 22 y el 25 de septiembre de 2009, un grupo de historiadores radicados en Barcelona y reunidos en torno a Praxis, Associació d’Investigadors en Història i Ciències Socials, valoramos la idoneidad de elaborar un texto conjunto en defensa de los postulados de la historia social —ampliamente contestados en las distintas mesas del Encuentro de Granada— y del compromiso del historiador con la sociedad —también puesto en entredicho en algunas de las discusiones. Esta comunicación pretende plasmar las conclusiones de un debate colectivo, cuyas conclusiones giran alrededor de dos ejes.

Por una parte, entendemos que el trabajo de historiador, como cualquier análisis que desde las ciencias humanas y sociales se pueda hacer del pasado, parte de una previa visión de la sociedad y que no puede desligarse del contexto temporal en el que escribe el autor. Es por ello que la historia implica, necesariamente, una contribución a los proyectos sociales en marcha. Cualquier pretensión de hacer una historia aséptica no solamente es imposible, sino que esconde la perniciosa pretensión —ampliamente difundida en las últimas décadas, paralelamente a la instauración de la hegemonía neoliberal en las esferas económica, política y cultural— de que la sociedad puede regirse por criterios meramente técnicos. Nos preocupa el alejamiento de la academia de la sociedad, la desvinculación que muchas veces, en aras a una pretendida «independencia» o «neutralidad», el investigador muestra respecto a los problemas de su entorno, incluso de aquellos más estrechamente vinculados a su disciplina.

Por otro lado, defendemos una historia social sin adjetivos, que no renuncie —como es tendencia creciente en la actualidad, y así lo evidenciaron los debates y comunicaciones presentadas en Granada— a categorías que cobran todo su significado desde el momento mismo en que fueron forjadas por los propios protagonistas de la historia que nos explican. Entendemos que la tendencia a la «esterilización» del lenguaje histórico, además de entrañar una transposición presentista, constituye un peligro de desvinculación de la historia y las ciencias humanas y sociales de la sociedad, para encerrarlas en un laboratorio solamente accesible a los académicos. Asimismo, proponemos una historia social en su sentido más amplio, que recupere la pretensión de tener en cuenta a todos aquellos sectores sociales tradicionalmente ignorados.

Por último, como integrantes de Praxis, colectivo de historiadores con la aspiración de hacer trascender la historia de los límites del ámbito académico para vincularla a la sociedad y restituir el conocimiento histórico a sus protagonistas, pretendemos exponer los presupuestos y los ejes básicos de trabajo de nuestra modesta experiencia colectiva.