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Artículo de opinión aparecido en Público, 3/6/11

FERNANDO HERNÁNDEZ SÁNCHEZ

Que el conocimiento de nuestra historia contemporánea sigue siendo pasto de tergiversaciones no le es ajeno a quien conozca el éxito de los best sellers del revisionismo franquista. Es un síntoma de que algo ha fallado, de que la investigación académica no ha calado hasta los niveles básicos de la enseñanza, allí donde la mayoría de los ciudadanos adquiere el conocimiento de su historia reciente. Es como si, frente a los avances en la Biología, en las aulas continuasen enseñándose los preceptos del creacionismo.
La publicación del Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia no deja de ser un caro monumento a una historiografía caduca y a la egolatría de alguno de sus inspiradores. Tampoco es la primera vez que la vetusta institución rinde un servicio al conservadurismo rancio: durante el aznarato proporcionó munición para la renacionalización del currículum escolar, supuestamente amenazado por los localismos y la disolvente pedagogía moderna. Fue la época en que alguien del Ministerio de Educación se lució afirmando que en las clases de Historia había que enseñar quién, dónde, cómo y cuándo, pero no las razones, que son controvertibles.
Lo peor no es lo de la Academia. Más preocupante es lo que ocurre en la enseñanza obligatoria. En la actual ordenación de la ESO, la Historia reciente se imparte en el último curso. Tres horas semanales no son suficientes para completar un temario que abarca desde el siglo XVIII hasta hoy. En la práctica, es probable que muchos estudiantes estén abandonado la escolarización sin un conocimiento adecuado de las raíces de la sociedad en que se insertarán como ciudadanos activos. Los libros de texto son una herramienta habitual en el aula. La mayoría se acogen a un modelo teleológico, en el que los acontecimientos se encadenan para conducir a un final previsible. La República y la Guerra Civil van emparejadas en una misma unidad didáctica. La República queda connotada como un periodo conflictivo cuyas contradicciones desembocan fatalmente en tragedia: “Se produjeron oleadas de huelgas, quemas de iglesias y enfrentamientos armados entre falangistas y militantes de las organizaciones obreras”, dice el manual de Santillana, mezclando el legítimo ejercicio de un derecho constitucional con manifestaciones de piromanía anticlerical y actos terroristas. Muy al estilo de los discursos coetáneos de Gil Robles al que, por cierto, se rebaja de categoría: según Santillana y Oxford, era Calvo Sotelo, con 12 escaños frente a los 88 de la CEDA, el auténtico “líder de la derecha”. Pitágoras no habría entendido nada.
Se emplea “bando” para referirse a las partes en guerra, como si el gobierno legítimo y los sediciosos estuviesen en plano de equivalencia. ¿Sería aceptable una lectura del 23-F que lo describiera como el choque los bandos de Milans-Tejero-Armada, y el monárquico-constitucional? ¿Aceptaría la derecha democrática que la figura de Suárez fuera pintada con los trazos con que le caracterizó el búnker? Entonces, ¿por qué aceptar que, según el manual de Vicens Vives: “Juan Negrín formó un nuevo gobierno (…) con una fuerte influencia comunista” (aunque el PCE tuviera las mismas dos carteras –2 de 11– que el anterior)? Anaya remata: “El Gobierno estuvo dirigido hasta 1937 por el socialista Francisco Largo Caballero, y desde entonces por el comunista Juan Negrín”. Sic.
Con la cesura entre Guerra Civil y franquismo, este queda exonerado de su origen. Como si el franquismo no hubiera sido siempre el “Estado del 18 de julio”, la continuación de la Guerra Civil por otros medios. Sin embargo, según los manuales, tras una fase de aislamiento, implantó el desarrollismo gracias a su alianza con los EEUU y al despliegue, según Anaya, de iniciativas harto incomprensibles: “La democracia orgánica se impuso a partir de 1942 (…) Restablecía organismos propios de una democracia, pero sin un funcionamiento democrático” (¿?). Más claramente, el libro de Mc Graw Hill fija los hitos que hicieron eclosionar la democracia desde el seno del propio sistema: “El crecimiento económico sirvió para legitimar y reforzar al régimen, que poco a poco fue iniciando una reforma política, aunque muy tibia: La Ley Orgánica del Estado (1967) parecía suavizar la dictadura; la Ley de Prensa (1966) posibilitó el inicio de cierta libertad de expresión; desde 1965 la huelga dejó de estar tipificada como delito (…) La culminación de este aperturismo fue el nombramiento de Don Juan Carlos, en 1969, como sucesor de Franco a título de Rey”. Colorín, colorado.
Episodios fundamentales de la memoria democrática quedan invisibilizados. Poco o nada leerán los estudiantes sobre exilio, maquis, resistencia en Francia, españoles en los campos nazis, cárceles y trabajos forzados, ejecuciones sumarísimas, depuración del magisterio, leyes de excepción y tribunales especiales, clandestinidad, persecución de otras religiones y de la objeción de conciencia, Ley de Peligrosidad Social, censura moral e intelectual, violencia en la Transición, temas que deberían ser de obligado conocimiento para la correcta valoración del precio al que se consiguieron las libertades democráticas. Los docentes deberían asumir la tarea de desvelar a los ciudadanos de mañana la realidad de nuestro pasado reciente. Es un imperativo no ya historiográfico, sino cívico.

Fernando Hernández Sánchez es profesor asociado
de la Facultad de Formación del Profesorado de la UAM

El próximo 6 de mayo de 2011 se realizará en la Fundación Cipriano García (Via Laitena, 16, planta primera, sala 11) el seminario Història en moviment dedicado a “Conflicte, participació i imatges del treball”.

A las 16:00 se presentará el número 24 de la revista italiana Zapruder que dedica un monográfico al trabajo y los conflictos laborales.

A las 16:20, José Manuel Rúa (Pavelló de la República – UB) y Ferruccio Ricciardi (redacción de Zapruder y coeditor del núm. 24) hablarán sobre “conflictos y participación”, y a las 17:30, Ricard Marco (conservador de la Biblioteca de Catalunya) y Lidia Martin (redacción de Zapruder y coeditora del núm. 24) se dedicarán a “imagen y empresa”.

Programa.

Una asamblea informal, junto con la Llibreria Aldarull y l’Ateneu Llibertari de Sants, ha organizado el I Festival de Cine Anarquista de Barcelona entre el 31 de marzo y 2 de abril de 2011 en l’Antic Teatre (C/Verdaguer i Callís, 12). El programa recoge diferentes temáticas como la pasada Huelga General del 29 de septiembre de 2010 en Barcelona, las revueltas griegas, documentales sobre la Guerra Civil, sobre la memoria vecinal, sobre las luchas contra la MAT, sobre la historia del sindicalismo y el anarquismo en Portugal, sobre… En fin, el programa es, sencillamente, espectacular y la entrada, gratuita. Allí os esperamos!!

Más información en: www.fcab.tk

Praxis recomienda la asistencia a un par de actividades este fin de semana y, además, os propone algunas lecturas. Por un lado, la Assemblea de Barri del Poble Sec nos propone, para el sábado día 12 de marzo, una ruta histórica por el barrio “La lluita obrera al Poble Sec dels anys 30”, una comida popular y la presentación del libro “Montjuïc i el seu entorn, 1936-1939: xerrades i itineraris”.

 

 

Y, por otro lado, el Comitè de Vaga del Poblenou, nos propone una intensa jornada de sábado para debatir y reflexionar sobre temáticas sociolaborales, inmigración, consumo y vivienda y urbanismo. La I Jornada Social del Poblenou empieza a las 10:00 horas, habrá una comida popular, una asamblea abierta por la tarde y, por la noche, una fiesta por la autogestión en la Teixidora.

 

 

 

Por último, os recomendamos la lectura del dossier sobre el pasado y el presente del movimiento vecinal que ha editado la revista Presència (núm. 2035, 25 de febrero al 3 de marzo de 2011): “Veïns. Les noves lluites del moviment veïnal” y la entrevista “La crisi és molt profunda, però els barris s’estan movent” realizada a dos de nuestros praxianos en la Directa (núm. 219, 9 de marzo de 2011) con motivo de la publicación de Construïnt la ciutat democràtica. El moviment veïnal durant el tardofranquisme i la transició.

Praxis us convida a participar de les Jornades “La memòria del futur. 45è aniversari de la Capuxinada. El moviment estudiantil ahir i avui” que es celebraran entre el 9 i 11 de març de 2011, a l’edifici del Rectorat de la UB (Pç. Universitat).

“Quan en tres dies de març de 1966 més de quatre-cents estudiants, acompanyats per professors compromesos i treballadors de la cultura del país, es reunien al Convent dels Caputxins de Sàrria per fundar el Sindicat Democràtic d’Estudiants, estaven protagonitzant quelcom més que la fundació d’una nova organització estudiantil. Es trobaven al bell mig d’una cruïlla. Una cruïlla des d’on uns quants decidiren prendre partit per construir el seu futur, i amb ell el futur dels més, front a un passat recent que impregnava un present dictatorial. Es tractava d’aconseguir la llibertat, i amb ella acabar amb el franquisme, es tractava de construir una nova societat, i amb ella també una nova universitat. En aquest sentit la Caputxinada esdevingué un dels moments culminants de l’antifranquisme. Les onades que comportà aquell petit instant en la història del nostre país portaren a la ruptura de la segona organització de masses del règim franquista, el Sindicato Español Universitario que havia de garantir el control del estudiants per part del règim. I a una ruptura sobrevingué una nova realitat: l’inici de la fi de la possibilitat de que el franquisme trobés en la universitat el lloc on nodrir-se de nous quadres socials, culturals, econòmics i polítics que permetessin la perllongació temporal de la dictadura. A partir d’aquell moment la universitat esdevingué un espai de llibertat des d’on teixir propostes per a una societat alternativa a la del gris franquista. Un espai des del que ordir també el creixement de les capacitats de desafiament de la resta de moviments socials, on anaven a raure molts dels nous militants formats en el moviment estudiantil.

Tanmateix, si la seva aposta anava més enllà de la universitat, fent de la transformació de la seva pròpia realitat i de la transformació de la realitat en majúscules quelcom indestriable, també prenia un significat específic per la institució universitària. Els que firmaven el manifest que clogué la Caputxinada, ho feien demanant a la resta de la societat “que prengui com a cosa pròpia una tasca, el compliment de la qual importa a tot el país: aconseguir una Universitat capaç de dominar els problemes tècnics i socials de l’època, una Universitat democràtica.” Demanda que articulaven a partir d’una constatació, la de que la universitat es trobava “en una cruïlla, davant dos possibles camins que emprendre. (..). Un és el camí que senyalen les recents disposicions administratives: Aquest camí vol portar a una institució de pur rendiment tècnic, indigne del nom d’universitat en perdre tot l’horitzó cultural, moral, ideal i polític. Es tracta d’uns institució en la qual el professorat en general i l’autoritat acadèmica en particular –ja que les dignitats acadèmiques, consumant-se el procés ja en curs, quedarien definitivament rebaixades a la categoria d’autoritats-, en comptes de compondre amb els estudiants una Universitat, es converteixen en repressors d’aquests, per evitar que quallli dins la universitat la llavor de vida social que cada promoció d’estudiants duu amb ella a les aules. Les mesures actualment aplicades tendeixen a fer d’ella una fàbrica, una simple fàbrica d’especialistes que possibiliten mecànicament el funcionament de l’economia i la satisfacció de les necessitats tècniques-educatives i administratives que aquella suscita.”

D’això en fa ara 45 anys, però ni la perspectiva ni l’impuls d’aquell instant han perdut ni un bri d’actualitat. És des d’aquesta perspectiva que no afrontem aquestes jornades com a memòria d’un passat, sinó com a memòria d’un futur, tampoc com a passat d’un moviment, sinó com a present del mateix, i menys encara com a mera rememoració, sinó també com a reivindicació.

Més informació: http://caputxinada45anys.wordpress.com/.